Dame la mano, en secreto. Acaríciame despacio, en la oscuridad que determinan mis ropas.
Le hablaré a los demonios en mis sueños de tus ojos, tan perdidos en el infierno como los míos; les diré que mis sábanas no quedan prohibidas para tus caricias.
Hazme el amor con la mirada y respira mi aliento envenenado, dame de nuevo lo que ya no tengo, y quítame hasta la ropa. Haz que el tiempo vuelva a volar sin alas y que se funda el cielo en tus ojos cuando no quede nada más.
El resto del mundo sobra cuando me acaricias casi sin querer y me falta hasta el aire cuando me abrazas... que puedo saber hasta qué piensas cuando tus brazos rodean tiernamente mi cintura.
Y me olvido, me olvido que existo.
viernes, 4 de febrero de 2011
jueves, 3 de febrero de 2011
Sinuous Delirium

Sinuoso delirio.
Veo tus manos, pero no las siento; toco tus brazos, pero no su calor, abrazo tu cuerpo, pero sin tu alma. Miro tus ojos, pero no te veo. Beso tus labios, pero son insípidos.
Intento tocarte pero sin querer te alejas, o desapareces. Todo a mi alrededor deja de existir, por un segundo, o por dos horas, ya perdí la noción del tiempo, y del espacio. Me hago pequeña y cierro los ojos para no sentir, si es que algo pudiere sentir. El aire que me rodea me presiona y aprieta mi cuerpo y me axfisia a la vez que congela mis frágiles huesos. Mis pulmones se han vuelto hielo y mi corazón escarcha pura, ya no respiro, ya no siento. Abro los ojos y ya no veo, no quedan restos de tu cuerpo, ni recuerdos en mi cabeza de tu sonrisa, o de la mía. Va muriendo cada parte de mí muy despacio, y es lo único que noto, que mis pies se desdibujan en la sinuosa oscuridad o la simple nada que me rodea, y así poco a poco el resto de lo que quede de mi cuerpo. Sólo soy capaz de escuchar los lentísimos latidos de mi corazón, se acaba el tiempo y no sé ni dónde me encuentro, ni quién soy, ni por qué estoy aquí; no sé donde estás, y menos aún dónde estoy yo... Noto una mano acariciándome, pero no sé de dónde viene, ni de quién será, no la veo, sólo la siento; me da calor y es agradable. La sensación de calidez aumenta cuando esa caricia se convierte en abrazo y lo transforma en latidos de mi corazón; escupo el vaho de mis pulmones que vuelven a funcionar y abro los ojos despacio dejando caer el hielo de mis pestañas. Puedo sentir tus manos, toco tus brazos y noto su calor, abrazo tu cuerpo... y noto tu alma sellada con la mía. Miro tus ojos y veo los míos reflejados, beso tus labios y descubro el dulce sabor de vivir...
Intento tocarte, pero mejor te abrazo, y vuelvo a respirar tranquila, y a escuchar mis latidos, cálidos, cálidos como tus ojos, como tus manos, como tu abrazo, que me ha devuelto la vida.
domingo, 2 de enero de 2011
Espejito espejito

Dime dónde se ha quedado mi cuerpo y dime por qué no está el suyo cerca.
No veo ya mi reflejo sobre tu cristal, ni mi mano siente nada cuando acaricio mis curvas reflejadas.
Espejito en la pared, dime quién es la princesa de sus ojos y dime, por favor, que soy sólo y para siempre yo. Espejito no reflejes las cosas que me hacen llorar, no reflejes nada que pueda dañar mi cuerpo, mi mente o todo lo demás; no quiero ver nada que no sea mi mano agarrando la suya o mi cuerpo tan frágil y fino como el cristal...
Espejito en la pared, dime que mis ojos van a brillar para siempre y que vas a mostrarme toda mi felicidad reflejada.
Dime que conoces todos y cada uno de mis miedos para dejarlos lo más lejos de mí posible y traerme a cambio lo que más deseo en este momento; un beso que me devuelva la vida que yo misma me quito cada día.
Quiero que mi espejo me diga que se acabaron ya las mentiras y que cada día voy a vivir un poco más feliz que el anterior.
Quiero ser la chica perfecta de tus ojos, de los míos y de mi espejo.
Quiero regalarte mi corazón de terciopelo para que seques tus lágrimas cuando algo te falte, como por ejemplo yo en este preciso instante...
viernes, 24 de diciembre de 2010
Sospechas.
Cuando por fín amaneció, y yo aún estaba tendido en la calle, se dejó de ver la ciudad; la niebla la cubría por completo y hasta mis ojos se volvieron borrosos y tristes.
Me acercé hasta el puente donde se produjo el asesinato, para sentir la muerte un poco más cerca.
Fue hace dos días exactos cuando vi a un hombre en el mismo sitio en el que me encuentro ahora, agarrando a otro por el cuello hasta asfixiarlo y luego lanzarlo al río.
No recuerdo demasiados detalles, ya que mi sangre se medía en grados de alcohol en esos momentos, pero, lo que recuerdo perfectamente, es la manera en la que ese hombre se encendió un cigarrillo tranquilamente después de haber asesinado a su vecino, del que sospechaba de acostarse con su mujer, para luego apagar ese mismo cigarrillo en mis pies descalzos con un pisotón.
Los conozco, conozco sus vidas, pero no la mía.Y puedo asegurarte que las sospechas de Javier, el asesino, no eran ciertas y que, quizás, su sofisticada mujer no era tan sofisticada como todos pensaban, porque, sospecho que se acostaba con un triste vagabundo al que esta mañana lo ha despertado la gélida niebla.
Quizás debiera sentir culpabilidad alguna por el pobre hombre ahogado, pero no es así, no soy culpable de nada, excepto de mí mismo.
Me acercé hasta el puente donde se produjo el asesinato, para sentir la muerte un poco más cerca.
Fue hace dos días exactos cuando vi a un hombre en el mismo sitio en el que me encuentro ahora, agarrando a otro por el cuello hasta asfixiarlo y luego lanzarlo al río.
No recuerdo demasiados detalles, ya que mi sangre se medía en grados de alcohol en esos momentos, pero, lo que recuerdo perfectamente, es la manera en la que ese hombre se encendió un cigarrillo tranquilamente después de haber asesinado a su vecino, del que sospechaba de acostarse con su mujer, para luego apagar ese mismo cigarrillo en mis pies descalzos con un pisotón.
Los conozco, conozco sus vidas, pero no la mía.Y puedo asegurarte que las sospechas de Javier, el asesino, no eran ciertas y que, quizás, su sofisticada mujer no era tan sofisticada como todos pensaban, porque, sospecho que se acostaba con un triste vagabundo al que esta mañana lo ha despertado la gélida niebla.
Quizás debiera sentir culpabilidad alguna por el pobre hombre ahogado, pero no es así, no soy culpable de nada, excepto de mí mismo.
miércoles, 15 de diciembre de 2010
¿Dónde se fueron?

¿Dónde están? ¿Dónde los he dejado?
Dónde estararán mis recuerdos. Dónde dejé mi dulce sonrisa de niña, o la ilusión al oír un cuento, o la felicidad pueril de abrir un regalo.
¿Quién se llevó el presente de mi pasado?
Quién sabe dónde se fue el sabor de mi primer beso o dónde dejé las tardes perfectas hablando de nada y siendo la más feliz. ¿Alguien podría decirme dónde se quedaron las mariposas que me llegaban hasta la boca cuando mi primer amor me daba la mano? ¿ Sabrías a dónde fueron mis ilusiones? ¿A dónde quedaron mis sueños?
¿Dónde diablos se han metido?
Los atardeceres de mi infancia donde no importaba nada y donde el tiempo parecía que volaba. Dónde fueron. Dónde estarán las risas que derroché con mis amigos y la confianza que ya no queda.
¿Dónde habrán ido?
Dónde me dejé las ganas. Dónde se fue la noche más bonita del mundo. Dónde metí esa ilusión que ya no encuentro y dónde estará todo lo que he vivido y que jamás volverá...
¿Sabes dónde lo he dejado? Porque yo no.
jueves, 25 de noviembre de 2010
Nothing is important.
Llevo marcas en mi cuerpo de dolor, llevo signos de desesperación bajo mis pupilas y llevo inscrito el sufrimiento en mi interior.
Tengo los nudillos amoratados de pegarme con mi otro yo, tengo la piel calcinada, de haber luchado contra el propio demonio para salir del infierno...Llevo sangre en mis dientes de morderte y rasguños en rodillas y manos por no saber controlar mis límites físicos... ni mentales.
Llevo stigmas por toda la espalda, de maltratarme día sí y día también sin que nadie oiga mis gritos.
Mi saliva es puro veneno desde que besé al anticristo; ahora todo lo que mis labios tocan, me pertenece para toda la eternidad...
Mis lágrimas se volvieron cristales, que hacen que ahora llore sangre y que cuando empiece, no sepa parar.
Tengo los nudillos amoratados de pegarme con mi otro yo, tengo la piel calcinada, de haber luchado contra el propio demonio para salir del infierno...Llevo sangre en mis dientes de morderte y rasguños en rodillas y manos por no saber controlar mis límites físicos... ni mentales.
Llevo stigmas por toda la espalda, de maltratarme día sí y día también sin que nadie oiga mis gritos.
Mi saliva es puro veneno desde que besé al anticristo; ahora todo lo que mis labios tocan, me pertenece para toda la eternidad...
Mis lágrimas se volvieron cristales, que hacen que ahora llore sangre y que cuando empiece, no sepa parar.
martes, 23 de noviembre de 2010
Histriónicamente paranóica e indecisa.
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