sábado, 17 de diciembre de 2011

Mezclábamos nuestra sangre.


Tanta suspicacia en su mirada, tanto escepticismo en sus palabras. Era como navegar entre infinitas ideas diferentes y que ninguna lograse entender. Era sumergerse en todos sus malos recuerdos; asfixiarse, agobiarse con esos recuerdos y que se fueran todos clavando cada vez más profundo. Y que cada vez fueran doliendo más...
Eran esas palabras las que se clavaban, las que perforaban su mente en esos momentos de absoluto delirio, esas palabras que tanto daño le habían hecho.
Esos 120 días ahora se vuelven a su cabeza como si no hubiese tenido suficiente, como si le fueran a perseguir el resto de su mísera vida esas 120 razones para odiarse y saberse totalmente inútil y dispensable.
Ya casi no recordaba su nombre, ya casi había desaparecido, era ya sólo en sus sueños cuando la tortura seguía, ya no quedaban marcas en la piel, ya no temblaba ni lloraba, ya no lo solía hacer...
Sólo quería, en su delirio, desaparecer... y con ella, sus recuerdos.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Cada vez más lento.


Dejar que todo fluya muy lento, que la lluvia nunca llegue al suelo, que el camino se haga eterno.
Que todo se mueva infinitamente despacio, que tus caricias en mi cuerpo nunca acaben, que la noche nunca llegue a amanecer.
Quiero pasar horas y horas buscando la infinidad en tus ojos, horas mirando tu cuerpo y horas alejándome cada vez más del suelo. No hace falta que diga que me pierdo observando cada gesto, cada movimiento que haces, cada palabra que dices; ni hace falta decir que el cielo se me queda muy abajo cuando me susurras cualquier estupidez en el oído y yo...suspiro.
Quiero que el tiempo se pare cuando me besas, que nunca acaben esos momentos, que sea todo tan lento...Que no hace falta decir que quiero despertar cada día rodeando tu cuerpo, desayunarme tus labios, muy despacio, cada amanecer... y sentirte tan dentro.
No hace falta decirte que eres el motivo de mi sonrisa, de mi brillo en los ojos, de mi ilusión, de mis ganas de seguir despertándome cada día y verlo todo un poco más diferente, menos gris, menos triste. No hace falta que te diga, porque ya lo sabes, que si te alejas todo pierde su sentido, que has convertido mi historia en un cuento infinito y que todos mis temores dejan de tener sentido cuando estás cerca y se desvanecen cuando me abrazas...Haces que todo parezca fácil con sólo sonreírme y que no necesite nada más que una mirada tuya para sentirme completa.


Que ya sabes de sobra...que mi tercer deseo es escaparme contigo, muy lejos.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Adicción.


A veces caigo en esas redes, me vuelvo tan frágil como un cristal, me hago tan pequeña como un grano de arena. A veces se me acelera tanto el pulso que creo explotar, me hacen tan vulnerable mis palabras que no sé cómo empezar, salgo ardiendo entre sus brazos, me olvido de todo lo que dejé atrás y empiezo a soñar...
A veces me da hasta miedo acercarme, me da pánico que el reloj avance tan rápido cuando le tengo justo enfrente, a dos centímetros de mis labios y a un milímetro de mi corazón.
A veces caigo en esas redes y me quedo atrapada por un rato, quizás cinco minutos, quizás tres horas, pero ya no quiero escapar, prefiero quedarme para siempre atrapada en esas redes que me hacen tan, tan inerme y delicada.
A veces me vuelvo tan insignificante cuando me mira, tan perdida cuando me abraza...
Si me acaricia, es como si mi mente dejara atrás mi cuerpo para perderse entre un millón de estrellas, como si volara sin moverme del sitio, como si hubiera encontrado a la persona que llevaba buscando tanto tiempo, como si fuera mi mitad y yo la suya y ahora todo fuera perfecto...
A veces creo sobrepasar los límites de la lógica y la razón cuando sueño con sus besos regando mi cuerpo y le siento tan cerca como real... a la vez que tan inexorablemente necesario.


Me quedan infinitas razones para demostrarte cada día que tú eres para mí y que yo soy para tí...


Toda una vida buscando.

martes, 1 de noviembre de 2011

Miércoles nueve.

Cuando creí que ya lo había perdido todo, cuando pensé que ya sólo quedaba esperar a que el resto de los días fueran igual y que todo siguiera sin importarme. Justo en el momento en el que me había rendido, en el que mi cuerpo ya sólo era un objeto y el tiempo parecía gustoso de darme la espalda y abandonarme al libre albedrío del destino.
Cuando mi garganta sucumbió de gritar cada madrugada y mi piel se quedó fría, casi muerta.
Justo en ese minuto en el que no necesité nada más que dejarme llevar, dejarme masacrar por el exceso, justo cuando quise desaparecer, en el preciso instante en el que deseé que la exageración de grados en mi sangre me quitara lo poco que quedaba de mí, justo ahí.
Cuando ya nada tenía cabida en la lógica ni en la razón, cuando ya no pretendía buscar más, ni aquí ni allá, justo entonces... encontré un gramo de salvación, una gota de esperanza, una hebra de ilusión, una vez más...

Una vez más tengo ganas de sonreír al despertar, de verme reflejada en cualquier espejo y que mis ojos vuelvan a brillar. Una vez más quiero sentirme completa y no llenar mi vacío con el suicidio más lento y doloroso; una vez más quiero sentir el calor de sus palabras descansar en mi pecho y ver amanecer cada vez que se acerca, tan despacio...
Dibujar en mi mente su aroma y guardarlo para siempre, para que no se gaste nunca.
Una vez más que las horas pasen como si fueran segundos, una vez más suspirar y que a la vez me falte el aire.


Me da miedo caerme esta vez.

jueves, 20 de octubre de 2011

Embriaguez


Necesitaba descansar su mirada, perderse entre el humo de ese último cigarro; olvidar, durante cinco minutos, almenos, su asquerosa y monótona existencia. Cerrar los ojos y pensar en cómo se le escapa la vida entre un sorbo y otro de alcohol, pensar en cómo va dejando pasar sin que nada realmente importe. Descansa su mirada tan perdida como su cabeza, y se para a no pensar; a no pensar en cuánto dejó marchar, ni en que ahora todo da igual. Ahógase en un vaso de vodka barato y helado, para soñar mejor...dicen, para no recordar su silueta, para sentir algo de calor dentro de su pecho y sentirse un poco más viva, quizás. Otro vaso más de soledad medida en grados, un sorbo más y pierde toda noción. Se olvida ya hasta de su nombre, hasta de su cuerpo, se olvida ya hasta de olvidarse.

Las marcas en sus brazos van ardiendo, van quemándola por dentro y por fuera, pero la embriaguez le impide darse cuenta. Se desdibujaba a la vez que su cigarro se hacía cenizas, quería desaparecer, con todas sus ganas, que no existiera un mañana en el que pensar, ni un minuto después en el que derrocharse; quería acabar consigo en ese preciso instante, dejar de ser quien era, por un momento tan sólo... Buscaba en el fondo del vaso vacío una única razón, un sólo motivo que parecía no existir. La lluvia derramaba en sus ropas y, en su mente, le despintaba la piel, aún con la esperanza de diluirse en cada gota que moría sobre su cuerpo.


Desaparecer, volverme infinitamente pequeña, dejar que la lluvia me desgaste, o diluirme en tu lengua, como un caramelo, dulce y efímero...

sábado, 15 de octubre de 2011

Catorce, quince...


Es como si flotara, como si mi alma abandonara mi cuerpo y me pudiera ver desde lejos, tumbada en la cama. Es como ver ochenta mil colores y no distinguir ni uno solo, o como dejar caer el cuerpo desnudo sobre la hierba y notar el frescor de la noche entre tus dedos y en mis piernas. Es como ver el reflejo del pecado marcado con sangre en la luna. Como cerrar los ojos y dejarte llevar por otras manos, como si tu mente se quedara en una parte y tu cuerpo en otra. Es como llevar un mes drogada y no sentir ya ni lo que tocas, no saber ya si lo que ves es real y no saborear más que el alcohol en otras bocas. Es como desaparecer, como reducirse al límite, como si no existiera. Como alejarse de todo durante un par de horas y que la mente sucumba, o como caer de un precipicio infinito y que el aire te vaya desgastando, poco a poco. Es como echar de menos lo que nunca se tendrá, como dejar todas las marcas en mi piel, como flotar boca abajo en el mar...
Es como si explotara el mundo entero dentro mía, como si no me quedaran ganas de otra cosa...

viernes, 7 de octubre de 2011

Setecientos kilómetros.

Falta tu calor entre mis sábanas y faltan tus labios sobre mi piel cada madrugada, faltan tus ojos perdidos en los míos y faltan las caricias, los abrazos, los recuerdos de lo que aún no ha sucedido.
Me despierto con tu imagen en mi cabeza y me acuesto pensando en soñar contigo, para tenerte todo lo cerca que quiera, para regalarte todos los besos que no puedo darte, para abrazarte las veces que hasta yo misma me falte...
Quiero que sean tus manos las que se deslicen bajo mis ropas, las que me ericen la piel; quiero que sean sólo tus manos las que me hagan sentir de nuevo, que me revivan por dentro, que me den todo el calor que me falta, todo el cariño y las caricias que imagino que me das.
Permíteme ser la princesa de este cuento casi en blanco, quiero que me salves de mí misma y mis fantasmas, que me lleves a un lugar que ni siquiera exista, que me devuelvas la vida con un beso y me despiertes de mis peores pesadillas con tan sólo estar a mi lado... Déjame que me acurruque en tu silueta, que te susurre las palabras más bonitas y luego me quede dormida con la tranquilidad de que estás ahí de verdad, que cuando despierte no te irás ni te desdibujarás en mi mente para no volver más.


Cada milímetro que nos separa es mucho menos de lo que me haces sentir.